Hipoterapia, Otro acercamiento a los caballos

Hipoterapia

Las terapias realizadas con ayuda de caballos no son novedad ni una moda moderna. Es cierto que en los últimos años se han dado más a conocer. Esto es gracias a la Sociedad de la Información y la difusión de Internet en la obtención de información, que nos acerca y distribuye la información de forma global.

Si echamos un vistazo a la historia médica de la humanidad, podremos leer como diferentes médicos, investigadores y personas de mente inquieta, han estudiado y experimentado con los beneficios de la equitación.

Resulta sorprendente que, en una época dónde el caballo era un medio de transporte, hubiera médicos que recomendasen la práctica de la equitación como remedio a ciertos trastornos.
Los primeros testimonios escritos sobre la medicina física aparecen en China sobre el 2700 a. C. El Kong Fou es el escrito más antiguo conocido sobre ejercicio terapéutico y masaje. Se basaba en posiciones y movimientos a caballo.

En el libro “Las Dietas” de Hipócrates (458-377 a. C.) se aconseja la equitación para “…regenerar la salud y preservar el cuerpo humano de muchas dolencias y, sobre todo, en el tratamiento del insomnio…”. Además de esto, Hipócrates afirmaba que “… la equitación practicada al aire libre hace que los músculos mejoren su tono…”

El consolidador y divulgador de los conocimientos en que se basa la medicina occidental y médico personal del Emperador Marco Aurelio, Galeno (130 – 199 d. C.), recomendaba la práctica de la equitación como la manera de que el emperador Marco Aurelio se desempeñara con mayor rapidez. Marco Aurelio era conocido por su lentitud.

En 1569 el italiano Merkurialis publica en latín su obra “De Arte Gimnástica”, dónde menciona una observación hecha por Galeno: “…la equitación no solo ejercita el cuerpo, sino también los sentidos”.

George E. Stahl, médico personal de la emperatriz María Teresa I de Austria (1717-1780), que pertenecía a la primera escuela de medicina de Viena, afirmaba que las fibras musculares se tornaban menos excitables practicando este deporte, razón por la cual, disminuían los episodios de hipocondría y de histeria.

El médico de Leipzig -Alemania- Samuel T. Quelmalz (1697-1758) trabajó en el desarrollo de una máquina ecuestre. De los ensayos de esta máquina y reproduciendo los movimientos que percibe un jinete, escribe una tesis titulada “La salud a través de la equitación”, dónde se encuentra por primera vez una referencia al movimiento tridimensional del dorso del caballo.

Durante el S. XIX el sueco Gustav Zander, uno de los padres de la Fisiatría y de Mecanoterapia fue el primero en afirmar que, las vibraciones transmitidas al cerebro con una intensidad de 180 oscilaciones por minuto, estimulan el Sistema Nervioso Simpático. Zander comprobó esto, pero sin asociarlo al caballo, aplicado a la Mecanoterapia. Hubo de esperar casi cien años para que el médico y profesor Rieder (Suizo) jefe de la unidad neurológica de la Universidad Martín Luther de Alemania, midiera estas vibraciones sobre el dorso de un caballo al paso, certificando que corresponde exactamente a los valores que Zander había recomendado.

Ya en el S. XX, se funda el primer grupo de Equinoterapia en el Hospital Universitario de Oxford en 1917. Los médicos y terapeutas del hospital buscan romper con la monotonía de las terapias que impartían a los heridos de la I Guerra Mundial. Desarrollan una serie de ejercicios y juegos, dónde los pacientes hacen rehabilitación sobre caballos. Beneficiándose del movimiento del caballo como elemento rehabilitador.

La historia de la danesa Liz Hartel es un ejemplo de Equitación Adaptada que perdura hasta nuestros días. A los 16 años es atacada de forma grave por la poliomielitis hasta el punto de no poder, durante mucho tiempo, trasladarse sin su silla de ruedas (más tarde lo haría con muletas). Ella, antes de la enfermedad, practicaba la equitación ordinaria. Contrariando a familiares y médicos, se empeñó en seguir montando a caballo, desarrollando por si sola una nueva forma de concebir la equitación. Fue pionera en Equitación Adaptada y ocho años después, en los Juegos Olímpicos de 1952 fue galardonada con la Medalla de Plata en la disciplina de Doma, compitiendo contra los mejores jinetes del mundo. El público solo percibió su minusvalía cuando bajó del caballo para subir al podio valiéndose de sus muletas.

Este hecho, ejemplo de autoterapia, despierta en la clase médica un interés por el programa de actividades ecuestres como medio terapéutico, tanto es así que, en 1954 se crea en Noruega el primer equipo multidisciplinar formado por fisioterapeutas, psicólogos y monitores de equitación. La hazaña fue repetida en los JJ.OO. de Melbourne en 1956. A la par, durante ese año, se desarrolla la primera estructura asociativa de hipoterapia de Gran Bretaña.

¿QUÉ ES LA HIPOTERAPIA?

La equinoterapia se define desde la Ciencia Médica como un método terapéutico y educacional basado en la teoría de la neuroplasticidad y neurorestauración, que utiliza el caballo como agente curativo o de estimulación, dentro de un complejo multidisciplinar en las áreas de salud, educación y equitación; con roles bien definidos, programas y propuestas elaboradas secuencialmente; buscando el desarrollo generalizado de personas portadoras de discapacidad y/o con necesidades especiales.

Desde la Ciencia Psicología se define como una: “Psicoterapia Integrativa Supraparadigmatica”, al integrar a equipos interdisciplinarios: equinoterapeutas, familiares, voluntarios y el caballo como agentes de cambio. Todo, bajo un contexto Humanista, en la cual la característica principal, será el cambio de setting –establecimiento- terapéutico y los principios del Humanismo, (Burgental); empleando en su intervención directa, técnicas cognitivo-conductuales, en niños y adultos portadores de alguna discapacidad física o mental, con necesidades educativas especiales. Esto, junto a la participación activa de un caballo, el cual, intervendrá bajo el paradigma inconsciente como figura transicional de apego (Winniecot) y arquetípica propiamente tal (Dr. Ps. Francisco Urra Riveros, 2005).

Dicho con otras palabras, nos encontramos ante una terapia alternativa que utiliza los beneficios del movimiento, calor, y comportamiento del caballo para mejorar la vida, juegos, comunicación e ilusiones de cada paciente.

¿Cómo lo logramos?

Lo primero, lo más importante es nuestro agente terapéutico, el caballo y su relación con el paciente. Tras ver los informes médicos más recientes que aportan los padres, y tras hablar con el resto de profesionales que conocen a éste (fisioterapeutas, logopedas…) y con los propios padres, llevamos al jinete-paciente a nuestro terreno. Veremos cómo se desenvuelve con el caballo, si le tiene miedo, si conecta con él, si le apetece montar. Luego veremos la postura con la que viene, y la que desarrolla sobre nuestro agente terapéutico. Con estos primeros pasos podremos saber qué necesita nuestro paciente y cómo podemos ayudarle a normalizar su vida. Además, nos aseguraremos de que todos los profesionales que le tratamos durante su día a día nos encaminamos en la misma dirección, para hacer más efectivo el tratamiento.

Hay varias modalidades de monta cuando hablamos de terapia con caballos:

Hipoterapia pasiva: Es aquella en la que el paciente no tiene control sobre si mismo o su postura, ni sobre las acciones del caballo. Se utiliza con pacientes cuyas afecciones no le permiten mantener la postura correcta por sí mismos, por lo que necesitan el apoyo del terapeuta por detrás de él, haciendo back-riding.

Hipoterapia activa: Cuando el paciente es capaz de controlar su postura, pero no al caballo, el terapeuta guía éste desde el suelo, pie a tierra.En ambos casos, lo que estamos aprovechando del caballo es su función como rehabilitador físico, con su movimiento, calor y ritmo característicos.

 

Equitación terapéutica: una vez que el paciente puede controlar su postura y sus movimientos, podrá manejar el caballo, y ocuparse de su cuidado previo y posterior a la sesión (cepillado, colocación del material, recompensa del caballo…) de esta manera, el paciente va adquiriendo autonomía y confianza. El cuidar de alguien en vez de sentirse cuidado, ese cambio de roles respecto a su vida cotidiana nos dará a los terapeutas un punto de apoyo esencial en la recuperación psicológica de los pacientes.

Volteo terapéutico: igual que la modalidad olímpica, este volteo consiste en realizar ejercicios gimnásticos sobre el caballo en movimiento, aunque en nuestro caso será casi siempre al paso y con ejercicios sencillos, adecuados a las posibilidades y capacidades del jinete. Puede combinarse con la equitación terapéutica, para aumentar la confianza del paciente, así como su fuerza y elasticidad.

Equitación adaptada: se trata de una modalidad en la que el paciente ya es un jinete independiente, pero necesita algunas ayudas para practicar este deporte.

¿Qué logramos?

Muy importante, que el chico salga de la rutina, ya que estas sesiones se ofrecen al aire libre, en un ambiente que para nada es el habitual en una sesión de terapia. Esto logra que vengan con una mentalidad muy positiva. En su mente, vienen a jugar, a pasar un buen rato con el caballo, que les adora y al que adoran. De esta manera, aceptan cualquier indicación que le demos, cualquier ejercicio, con una sonrisa, que es la que nos ayuda a los terapeutas a seguir cada día con nuestras ilusiones.

Gracias a este primer punto, poco a poco, mes a mes, incluso de año en año (nada se consigue en dos días), iremos logrando normalizar la postura del paciente, su relación con el mundo que le rodea, su familia, amigos, profesores y, lo que es más importante, su vida. Hacerle cada día más independiente, más seguro de sí mismo y capaz de afrontar los retos que se le pongan por delante.

En la parte física, los pacientes van adquiriendo fuerza en aquellos músculos que necesitan para la postura erguida, relajación en aquellos que impiden la marcha cuando están en constante contracción, elasticidad, equilibrio e independencia en los gestos, entre otras capacidades.

En el aspecto psicológico, durante las sesiones de hace hincapié en favorecer la independencia del paciente en su desarrollo. Cuando se hacen cargo del caballo, tienen que ser conscientes de que tienen que hacerlo bien para que la sesión se pueda llevar a cabo con normalidad. También, si es posible, es bueno hacer sesiones de terapia con varios pacientes, ya que esto permite una interacción social inigualable.

¿Qué necesitamos?

  • Caballo: ha de ser un animal no muy grande, con un movimiento cadenciado y armonioso, sano y fuerte. Su carácter será el que permita a cualquiera acercársele a cualquier parte a cepillar o acariciar sin que se moleste y que esté acostumbrado a todo tipo de ruidos y gestos a su alrededor sin asustarse ni hacer movimientos bruscos. Puede ser un caballo reciclado de las mismas cuadras del centro, provenir de otro propietario o ser caballo de terapias en exclusiva, pero, regularmente se le hará un “recordatorio” de lo que se pide de él, sobre todo, si tiene más funciones en el centro. Por supuesto, habrá que tener especial cuidado con su salud, tanto mental como física. Por supuesto, con todos los animales es importante, pero dado lo delicado de sus jinetes, en estos caballos es imprescindible que estén tranquilos y confíen en nosotros. En lo posible, dado que el trabajo como agente terapéutico resulta, por lo general monótono, habrá que tratar de variar de alguna manera su tarea, darle ratos de libertad controlada cada día y cuidar con esmero su alimentación, para que no sea demasiado energética.
  •  Terapeuta: tiene que ser una persona que viva el mundo del caballo con pasión, que lo disfrute. Con conocimientos del caballo como para poder responder de manera adecuada en cualquier momento (nunca hay que olvidar que estamos hablando de un “deporte de riesgo”) ante cualquier reacción del agente terapéutico.
    Por supuesto, tendrá que tener suficiente formación como para entender al paciente, su patología y síntomas asociados para ejercer su función con eficacia y entusiasmo. Lo ideal es que conozca más de una forma de trabajar, para que pueda haberse nutrido de diversas experiencias y metodologías, permitiendo así recabar lo mejor de cada una y desarrollar la suya propia.
    Teniendo en cuenta que en el campo de la medicina los avances son continuos, esta persona tendrá que estar siempre dispuesta a aumentar sus conocimientos para mejorar su trabajo.
  • Ayudante/s: los voluntarios, parte muy importante del equipo, son los que se encargan del caballo durante las sesiones de trabajo. Deben ser personas acostumbradas a este animal, que lo hayan tratado en profundidad y a lo largo del tiempo. Idealmente serán jinetes en activo, y personas motivadas en la ayuda a los demás.
  • Lugar de trabajo: el picadero donde habitualmente se dan las clases de equitación será bueno para este fin, pero si tenemos una pequeña extensión de campo cerca del centro, será perfecto para variar el entorno de las sesiones. El contacto directo con la naturaleza, en un medio controlado como el de una sesión de hipoterapia es tan importante como la relación del paciente con el caballo.

 

Estructura de las sesiones
Idealmente, cada sesión contará al principio con una parte “pie a tierra”, de toma de contacto con el caballo, nuestro agente terapéutico. Dependiendo de las capacidades y gustos del paciente, en ésta, haremos cepillado y cuidados, preparación del material, ensillado y todo lo que nos ayude a mejorar la relación de la persona con el animal. Esta parte es importante en cuanto a que es la que nos va a permitir conocer de cerca al que va a ser nuestro compañero y sus miedos, su tamaño, relacionar las partes de su cuerpo con las propias del humano y, en general, tener una visión diferente del caballo y una relación con él que, una vez montados, cambiará.

Luego, pasaremos a la parte de monta terapéutica. De nuevo teniendo en cuenta las posibilidades físicas, motoras y psicológicas de la persona, realizaremos un tipo de monta u otro, pudiendo montar sólo, con el terapeuta (monta gemelar o back-riding), con silla, sin silla (una manta puede ayudarnos a tener unas sensaciones físicas diferentes sobre el caballo) o en diferentes posturas, dependiendo de lo que nos hayamos marcado como objetivo.

La duración de las sesiones también variará en función del estado y condición de nuestro jinete, y por ello, podemos tener desde 30 hasta 45 minutos de tiempo, para lograr el acercamiento y trabajo adecuado. Más de 45 minutos no es recomendable, ya que, aunque para los que estamos alrededor no nos lo parezca, para el que va montado, es agotador a veces usar unos grupos musculares con los que, muchas veces, no está acostumbrado a trabajar.

Hipoterapia

Conclusión

El mundo de la hipoterapia en España está todavía desarrollándose, por lo que, de momento, pocos centros ofrecen este tipo de servicio, por lo que, se puede decir que son centros pioneros los que cuentan con este tipo de terapias.

La efectividad del método está avalada por años de experiencia en Europa y estudios que relacionan ciertas patologías (autismo, síndrome de Dawn, parálisis cerebral, accidentes cerebro-vasculares…) con esta terapia. Se puede proporcionar en exclusiva, o combinada con otro tipo de terapias.

 

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